DEFINICIÓN DE UN BUEN DÍA
(o de cómo el Amor se le aparece a una con cara de perro)
.
Amor (me estoy cansando de llamarte así, qué te parece "Chato" o "Nerón"?
Hoy te vi, sin querer, en los ojos de un pobre perro callejero, ¿no es el colmo?
La desesperación la pone a una a parir cactus de la impaciencia.
Debe ser la faringitis que me diagnosticó el Doctor Aguado del seguro social.
Me puso a pensar en cómo sería mi encuentro final contigo. Deseé que no fuera
como mis actuales circunstancias.
Llegando con cara de "un baño, por piedad, que ya no aguanto"
a las instalaciones insalubres del centro de salud.
Teniendo que soportar a la secretaria de mi doctora familiar que con su sonrisa falsa me dijo,
mirando con sorna mi carnet, "no alcanza cita"
(estoy segura que nada le produce más placer que decir eso
después de recepcionar chorrocientos mil pacientes y acabársele la humanidad...
la muy arpía)
Luego la doña que organiza las citas de urgencias, cagotéandome
con sólo ver mi intención de dejarle mi carnet para consulta de tipo me-estoy-muriendo...
Me comencé a asfixiar. Se me salió lo bestia.
"¡A eso viene una a este lugar!! A que a una la traten como a una mierda!!"
"¡Un poco de misericordia, nada de eso hay! Con el paciente no se jode!"
Todo fue tan rápido... La lengua se me disparó como un misil y temí, confieso,
que llamaran a los loqueros o que me sacaran a patadas por insurrecta
(nadie se queja, pensarán que ahí se purgan los pecados)
Lo inesperado sucedió. La secretarias sacaron mi expediente
y un par de horas más tarde (hubieran sido cuatro) estaba en el chiquerito
de Don Medicucho de la Pacotilla."Usté está bien..." me dijo
(le faltó la palabra "jodida" al resto de su oración)
"Exactamente eso estaba pensando, doc!!! Mire usted,
que no me pasa ab-so-lu-ta-men-te nada
y no sé por qué chingaos me siento tan mal...viera???"
(las viejas pleiteras de mi barriada se hubiesen sentido orgullosas de mí,
me dije, paladeando esta convicción).
El doc se asustó y cambió de cero a "faringitis infecciosa severa de primer grado"
Me recetó seis inyecciones de penicilina y otros menjurges.
"¿Tiene quién se las ponga o prefiere las pastillas...pero con pastillas se curará a largo plazo..." continuó, apenas consternado por saber si alguien podría aplicármelas.
"Yo me las puedo poner sola" le dije, fríamente.
Puso cara de espanto, pero no se atrevió a hacerme la pregunta ("¿sabe usted inyectar (se)?").
Obviamente, no podría decirle de todo lo que sería capaz.
Ponerme una inyección sin ayuda es lo de menos.
Mientras terminaba de redactar la receta, yo ejercitaba mis matemáticas:
Doctor inepto y burócrata + paciente amolado = prefiero no imaginarlo
Tomé la receta y salí azotando los pasos como si fuera una giganta.
Una giganta de 1.55
"Vamos, vamos..."- me dije, "vamos a ver el video de Carlos Vives
en donde sale con un short que bien podría ser una hoja de parra..."
Llegué a la casa, me puse la inyección casi con rabia. Un pinchazo limpio, sin embargo.
Al día siguiente, a trabajar.
Me metí al baño de la oficina a ponerme la siguiente.
Esta vez no tuve espejo y me desangré al reventarme una vena cuando sacaba la aguja de mi nalga derecha.
"Gajes del oficio" pensé "hasta podría trabajar en el seguro..."
Terminó mi horario. Salí a la calle, la temperatura estaba a 42 grados centígrados
Caminé cinco cuadras para llegar al supermercado más cercano.
Recogí el mandado, revisé mi cartera, devolví mercadería,
y finalmente compré unas pocas cosas.
Llamé un taxi.
-- "Radio Taxi Marmotas, buenas tardes"
--"Por favor, un taxi al supermercado ´El Turco Feliz´, junto a la Plaza Liliput "
--"¿Cómo la voy a reconocer?"
--"Soy bajita, gordita y uso un vestido floreado..."
--"Correcto"
Estuve ahí, a la puerta del súper esperando una eternidad (una eternidad son casi quince minutos bajo el candente sol) cuando pasó el perro flacucho y sarnoso que me miró comprensiva y dulcemente
El corazón se me encogió de emoción y me dio tristeza.
Me dio tristeza mi emoción, no el perro.
Llegó el taxi justo cuando pensaba llevarme el perro a casa.
Fue un asunto de empatía y solidaridad.
El taxista asomó la cabeza mientras yo insistía en pensar que podía adoptar a Solovino.
--"Pensé que era usted la que recién vi se iba en un taxi...gordita, vestido de flores..."
Comencé a reírme, liberadoramente...
El taxista se desconcertó y pareció un poco incómodo
Me subí al carro respondiéndole
--"...Y claro... el ochenta por ciento de mis coterráneas son bajitas, llenitas y usan vestidos floreados..."
Luego callé pero le seguí diciendo en silencio mientras me reía entre dientes--" Yo debí haberme descrito como 'soy una señora con cara de pídeme-dinero´
o con cara de ´soy romántica pero te asiento un mamporro en este instante...
O como una señora con las nalgas amoratadas".
Todo me parecía ridículamente divertido.
Seguí pensando "Igual no me las vería, ni me reconocería con la cara de housewife
que ya tenemos miles de mujeres que cargamos lo mismo:
un ticket del mercado y una bolsita con mangos, plátanos y limones."
Me seguí riendo a ratos en el trayecto, con el desconcierto total del taxista.
"No puedo quejarme, ha sido un buen día" me dije
y entré radiante con mis frutas para ver a mi Aleluya.
La próxima vez, Amor, que te aparezcas,
que sea en mejores circunstancias.
.
1 comment:
gracias, grupo sigma, por el comentario, muy positivo.
con "seguimiento" debes referirte a la frecuencia con que posteo en mi bitácora, y es verdad que hay muchos blancos entre los tiempos de publicación.
pasa que el objetivo de mi cuaderno virtual no es su difusión, no está registrado en los índices de blogs ni lo promociono. sólo he dado la dire a tres o cuatro amigos/as y los que caigan aquí por casualidad son bienvenidos, pero no pasa a más.
gracias por dejar tu huella
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